Estudios de impacto y datos cualitativos. Sigue siendo difícil.

La pasada semana, el WBCSD presentaba su guía para la elaboración de análisis de impacto socioeconómico, una herramienta que despierta un creciente interés en las empresas para “mantener su licencia para operar, mejorar el entorno de negocio, reforzar sus cadenas de valor e impulsar la innovación en productos y servicios”. El documento repasa las herramientas más utilizadas e incluye ejemplos de actuaciones de diferentes compañías como consecuencia de los resultados de estos estudios.

El problema principal en su realización sigue siendo el mismo de siempre: EL DATO. Herramientas hay de muchos tipos, con diferentes alcances y resultados, pero todas necesitan alimentarse de datos fiables y consistentes. Y, además, en un plazo determinado. Hay indicadores que están disponibles con tanto retraso que cuando los conocemos ya no representan la realidad. El primer ejemplo que me viene a la cabeza son los censos. Me sigue resultando sorprendente que en un mundo donde todos los datos de las personas figuran en cientos de registros informáticos se siga actualizando la información censal cada diez años. Probablemente haya datos que no se recopilan de manera cotidiana, pero muchos sí, y deberían poderse consultar con una frecuencia un poco más corta. Estas circunstancias nos obligan, como profesionales, a buscar puentes y aproximaciones a los datos reales, lo que lleva a muchos a cuestionar nuestras estimaciones.

He elaborado unos cuantos estudios de impacto socioeconómico a lo largo de mi vida profesional. Los datos son esenciales, porque al medir, nos permiten gestionar, evaluar el trabajo que hemos hecho y el que nos queda por hacer. Pero no menos importantes son el conocimiento del negocio o sector y el del territorio y la sensibilidad para captar sus mecanismos de funcionamiento, porque son las vías de transmisión de los impactos, los canales que pueden hacer que los proyectos fructifiquen o se estanquen.

Varios de los ejemplos que presenta en su guía el WBCSD se refieren a países en desarrollo, el análisis de los impactos finales y el de los intermedios pone de manifiesto muchos nichos donde se puede intervenir para mejorar la vida delas comunidades. En los países más desarrollados, los impactos cuantitativos se concentran en actividades intensivas en mano de obra o con largas cadenas de valor. Es difícil, por lo tanto, justificar solo con herramientas numéricas el impacto de proyectos innovadores e intensivos en tecnología, ya que no suele incluirse en estos estudios un análisis serio de los costes de oportunidad a largo plazo para la sociedad. Un ejemplo pueden ser los huertos solares: sin personal, sin apenas consumos, y con pocos destinatarios. Porque al final siguen existiendo magnitudes de valor incalculable (strictu senso) y resulta extremadamente comprometido evaluar la importancia de su conservación o no, especialmente para un largo periodo de tiempo, donde la influencia de muchos otros factores puede cambiar radicalmente el panorama.

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